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«Alimentamos al mundo» | Nuevo libro ilustrado en defensa de la agricultura campesina

La agroindustria transnacional lleva mucho tiempo violando impunemente los derechos de lxs campesinxs y otras personas que trabajan en las zonas rurales. Respaldadas por el capital acumulado gracias a la explotación de lxs productorxs agrícolas, estas empresas trabajan en complicidad con las autoridades locales, los gobiernos y a veces incluso con mercenarios. Desalojan por la fuerza a los pueblos de sus tierras, impulsan reformas favorables a las empresas a costa del bienestar público y se apropian y controlan los bienes naturales y el patrimonio campesino, como las semillas. Todas estas violaciones, que suelen quedar impunes en la mayoría de los países, tienen un impacto directo y devastador en la vida y en los medios de subsistencia de las comunidades urbanas y rurales.

Las comunidades han luchado. La resistencia sostenida y organizada de lxs campesinxs, pescadorxs, migrantes y comunidades indígenas ha puesto en evidencia en muchos casos, a estas empresas y sus crímenes. Sin embargo, la falta de un tratado internacional jurídicamente vinculante para controlar las violaciones de las Empresas Trasnacionales (ETN) ha hecho que estas victorias parciales conseguidas por las comunidades, pasen a menudo desapercibidas. Al mismo tiempo, las violaciones de los derechos humanos por parte de las empresas y la impunidad continúan en todo el mundo. Las corporaciones también han sido denunciadas y sancionadas en muchos países. Pero en lugar de enmendar su camino, intentan “maquillar sus crímenes” ocupando puestos en estos espacios de gobernanza internacional destinados a regularlos, a menudo con la aprobación implícita de los más altos funcionarios de las Naciones Unidas y sus órganos afiliados.

Los movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil están haciendo frente a la creciente influencia de las corporaciones en el ámbito de la política alimentaria nutricional internacional y nacional. La fuerte resistencia de la sociedad civil contra la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la ONU de 2021 es uno de los ejemplos recientes de esta resistencia. A pesar de una oposición tan clara y unida por parte de la sociedad civil mundial, la influencia de las empresas transnacionales sigue aumentando en los ámbitos políticos internacionales, regionales y nacionales.

Esta creciente influencia de las corporaciones y su “discurso de sostenibilidad” en los foros internacionales oculta la realidad sobre el terreno: el aumento de los precios mundiales de los alimentos y de los insumos agrícolas agravado por la especulación con las materias primas, el deterioro de la salud del suelo, la destrucción de la biodiversidad, los niveles criminales de emisiones de gases de efecto invernadero que emanan de la cadena alimentaria industrial y los intentos descarados de privatizar y patentar la semillas nativas que son patrimonio de los pueblos. Hoy en día, las empresas transnacionales están detrás de las principales amenazas y la violencia que sufren lxs campesinxs y lxs trabajadorxs rurales a lo largo de la cadena de producción de alimentos.

Sin embargo, no todo está perdido.

Este implacable impulso a la corporativización de nuestros sistemas alimentarios se ha enfrentado a la dura resistencia de lxs campesinxs, lxs trabajadorxs asalariadxs y los pueblos indígenas. La Vía Campesina es una expresión de esta resistencia. Durante casi tres décadas, el movimiento campesino mundial ha defendido una visión contraria sobre cómo alimentar al mundo.

En esta visión basada en los principios de la Soberanía Alimentaria, los pueblos y las comunidades locales son los principales actores en la lucha contra la pobreza y el hambre. Exige autonomía y condiciones objetivas para utilizar los recursos locales y reclama una Reforma Agraria Popular. Defiende el derecho de las comunidades campesinas a utilizar, conservar e intercambiar semillas. Defiende el derecho de las personas a comer alimentos sanos y nutritivos. Fomenta los ciclos de producción agroecológicos, respetando las diversidades climáticas y culturales de cada comunidad. Defiende los derechos de lxs campesinxs, los pueblos indígenas, lxs trabajadorxs asalariadxs y lxs migrantes en todos los niveles del sistema alimentario mundial.

La paz con justicia social, la justicia de género y las economías solidarias son condiciones previas esenciales para hacer realidad la Soberanía Alimentaria. La Vía Campesina demanda un orden comercial internacional basado en la cooperación y en la compasión en lugar de la competencia y la coerción.

En este libro ilustrado, “Alimentamos al mundo”, La Vía Campesina con el apoyo de la artista y militante Annelise Verdier muestra el contraste entre las visiones de la producción, distribución y consumo de alimentos dirigidas por la agroindustria y la practicada históricamente por lxs campesinxs. Capta el intento de corporativizar la agricultura y la producción de alimentos y expresa la valiente resistencia de lxs campesinxs, lxs trabajadorxs y los pueblos indígenas a favor de la Soberanía Alimentaria de los pueblos. La Vía Campesina aboga por un sistema alimentario que tenga como centro el interés de las personas y del planeta. Denuncia el sistema alimentario industrial, que explota la mano de obra barata y fomenta la competencia despiadada el lucro. La Vía Campesina afirma que se necesita urgentemente un tratado global jurídicamente vinculante y coherente con los artículos de la Declaración de la ONU sobre Derechos Campesinos y otras personas que trabajan en las zonas rurales. Estos instrumentos, junto con otros convenios y tratados internacionales, pondrán freno al control empresarial y a su indebida influencia en los sistemas alimentarios.

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