| | |

¡La Asamblea de Mujeres Rurales recibe el Premio Right Livelihood 2026!

Defendiendo los Derechos Campesinos se complace en compartir la noticia de que el movimiento del sur de África, Asamblea de Mujeres Rurales (Rural Women’s Assembly), ha sido galardonado con el Premio Right Livelihood 2026.

A lo largo de los años, la Asamblea de Mujeres Rurales ha sido un movimiento fundamental en la lucha por la implementación de la UNDROP en toda África Austral. Ha desempeñado un papel clave en la difusión de los contenidos de la UNDROP, así como en la sensibilización de las comunidades rurales y de las mujeres campesinas sobre su importancia política y jurídica.

Este premio reconoce el sólido y prolongado trabajo de base liderado por mujeres campesinas en defensa de su derecho a la soberanía alimentaria, incluidos sus esfuerzos para combatir y denunciar el acaparamiento de tierras, el despojo y la mercantilización de las semillas por parte de las empresas transnacionales.

Reproducimos aquí el artículo publicado originalmente en el sitio web del Premio Right Livelihood para celebrar a la Asamblea de Mujeres Rurales y felicitar al movimiento por este merecido reconocimiento.

“Por organizar a mujeres rurales de África Austral como una fuerza unida que defiende la tierra, las semillas y autonomía sobre sus cuerpos frente al despojo corporativo y patriarcal.”

La Asamblea de Mujeres Rurales (RWA, por Rural Women’s Assembly) es un movimiento transnacional y autogestionado que reúne a más de 178.000 personas a lo largo de once países de África Austral. Dedicadas a la agricultura a pequeña escala, defienden la autonomía sobre la tierra, las semillas y sus cuerpos frente al despojo de las grandes empresas agroindustriales y las estructuras patriarcales. Al rechazar el modelo tradicional de las ONGs y adoptar una estructura horizontal liderada por voluntarias, RWA ha construido una de las mayores plataformas autónomas de mujeres rurales de la región, reconocidas como “Guardianas de la Tierra, la Vida, las Semillas y el Amor”.

A través de la agroecología feminista y la soberanía alimentaria y de las semillas, RWA desafía el control empresarial sobre los sistemas alimentarios de la región y, al mismo tiempo, fortalece la resiliencia de las comunidades frente a los impactos climáticos. Ha establecido 24 espacios para la multiplicación de semillas y documentado cientos de variedades de semillas indígenas, protegiendo los sistemas tradicionales de semillas de la comercialización.

Mediante círculos de sanación y redes transfronterizas de apoyo mutuo, RWA ha logrado que mujeres históricamente excluidas de la propiedad de la tierra se conviertan en una voz política unida y persistente que, en palabras de su coordinadora regional, Mercia Andrews, es más “ruidosa” que “radical”. Esa voz contribuyó a lograr la aprobación de una ley zambiana de 2016 que exige la asignación equitativa de tierras a las mujeres, así como el histórico proyecto de ley de 2018 sobre delitos sexuales y violencia doméstica de Esuatini.

Somos las guardianas de la tierra, la vida, las semillas y el amor.
Asamblea de Mujeres Rurales

Biografía

La Asamblea de Mujeres Rurales es un movimiento transnacional integrado por más de 178.000 pequeños agricultores y agricultoras de once países de África Austral, que se enfrenta al acaparamiento corporativo de tierras y al patriarcado para alcanzar la seguridad alimentaria y defender la autonomía corporal.

A través de la agroecología feminista, la soberanía de las semillas y la organización de base, ha convertido a las mujeres rurales en una fuerza política independiente que está transformando los derechos sobre la tierra y los sistemas alimentarios en toda la región.

This image has an empty alt attribute; its file name is image-2.png
Fuente: Right Livelihood Award (Premio Right Livelihood).

El legado del régimen colonial de asentamiento

África Austral es una región marcada por una historia compartida de colonialismo de asentamiento. Lo que la distingue del resto del continente es la magnitud y la permanencia del asentamiento europeo, que condujo no solo al control político, sino también a la apropiación directa de tierras cultivables. En toda la región, los colonos se apoderaron de las tierras fértiles y las redistribuyeron entre ellos, mientras que las poblaciones locales quedaron confinadas en territorios más pequeños y menos productivos. Como consecuencia, los hombres se vieron obligados a trabajar en las minas o en las tierras de los colonos, dejando a las mujeres a cargo de la mayor parte de la agricultura de subsistencia. Por ello, las mujeres rurales dependen en gran medida de los recursos naturales y de la agricultura para subsistir, pero a menudo se les niega el acceso a la propiedad formal de la tierra, así como al crédito, a la tecnología y a los espacios de toma de decisiones.

Mercia Andrews, coordinadora regional de la Asamblea de Mujeres Rurales (RWA, por sus siglas en inglés), explicó que la situación de las mujeres en África Austral se ve aún más agravada por el hecho de que sus tierras se encuentran «en el ojo del huracán» de la crisis climática. Tan solo en 2026, Madagascar sufrió dos ciclones de gran magnitud, mientras las tormentas avanzaban hacia Mauricio, Malaui, Mozambique y Sudáfrica, al tiempo que la costa occidental de la región soportaba una sequía extrema. África Austral también está experimentando la degradación de los suelos y de los recursos hídricos, así como la pérdida de biodiversidad, fenómenos que provocan desplazamientos masivos de población.

Las industrias extractivas y la agroindustria corporativa de la región agravan aún más estas barreras medioambientales. A través de marcos jurídicos como el Acta de 1991 del Convenio de la UPOV, las empresas reivindican derechos de propiedad intelectual sobre variedades de semillas, lo que amenaza la capacidad de los agricultores y agricultoras para guardar, intercambiar y vender libremente sus propias semillas. El acaparamiento de tierras a gran escala para la extracción de materias primas también está relacionado con un aumento de la violencia de género, en un contexto marcado por la violencia estructural.

Guardianas de la tierra, la vida, las semillas y el amor

La dolorosa historia colonial de la región y sus estructuras de poder basadas en la explotación han estado presentes en la trayectoria de la Asamblea de Mujeres Rurales (RWA) desde sus inicios. En 2009, el movimiento celebró su primera reunión, en la que 250 mujeres rurales de toda la región se congregaron en la provincia de Limpopo, Sudáfrica, con el objetivo de superar las divisiones heredadas del colonialismo y del apartheid que aún persistían entre los países miembros.

Sus fundadoras establecieron tres objetivos: construir un nuevo regionalismo que conectara a las mujeres más allá de las fronteras; crear una plataforma común para hacer frente a crisis como la pobreza alimentaria y el despojo de tierras; y combatir la pandemia del VIH/sida.

De este proceso surgió la estructura que define al movimiento: un modelo horizontal, impulsado por el voluntariado y gobernado por un Grupo de Referencia integrado por tres representantes de cada una de las once secciones nacionales.

Actualmente, el movimiento está presente en Esuatini, Lesoto, Madagascar, Malaui, Mauricio, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Tanzania, Zambia y Zimbabue.

This image has an empty alt attribute; its file name is image-4.png
Fuente: Right Livelihood Award (Premio Right Livelihood).

Agroecología feminista y soberanía de las semillas

La Asamblea de Mujeres Rurales (RWA) practica la agroecología feminista, un enfoque integral que vincula la transformación ecológica de los sistemas alimentarios con las relaciones sociales que los sustentan. Más allá de promover una agricultura sostenible o aumentar la participación de las mujeres en las cadenas de valor, su objetivo fundamental es la autonomía de las mujeres: garantizar su acceso a la tierra, el agua, las semillas y los ingresos, así como el control sobre estos recursos; asegurar su participación en la toma de decisiones; y reconocer sus conocimientos indígenas y su capacidad de acción política.

Este enfoque también aborda las causas estructurales de la desigualdad: la división sexual del trabajo, la carga no remunerada del trabajo doméstico y de cuidados, y las distintas formas de violencia y dominación presentes en los hogares, las comunidades y las instituciones. El objetivo es construir un sistema alimentario basado en la equidad y la justicia en todos los niveles. El movimiento defiende los bienes comunes agrícolas frente a lo que denomina «marcos neoliberales» y la «oenegización» (NGOisation), que despolitiza las luchas rurales.

El trabajo de la Asamblea en materia de agroecología surgió de una demanda de sus propias integrantes. Tras una primera etapa centrada en la reivindicación de derechos, las mujeres le dijeron a la RWA: «Hemos oído hablar de nuestros derechos, pero no nos alimentamos de derechos». En respuesta, la organización puso en marcha una Escuela de Agroecología para que sus integrantes aprendieran estas estrategias integrales.

Como resultado, las participantes han reducido los costes de producción al sustituir los fertilizantes sintéticos por recursos naturales y, al mismo tiempo, han reforzado su resiliencia frente al cambio climático mediante suelos más saludables, capaces de retener el agua, y sistemas de cultivo diversificados que resisten mejor los fenómenos meteorológicos extremos.

En 2025, el movimiento reforzó aún más los conocimientos de sus integrantes sobre sus derechos a las semillas y a la tierra mediante la traducción de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales (UNDROP) a las lenguas locales. Más de 18.000 mujeres participaron en esta iniciativa.

En su papel de «guardianas de las semillas», la RWA ha creado bancos de semillas y espacios de multiplicación para reproducir variedades tradicionales destinadas al intercambio y la venta entre sus integrantes. En 2025, llevó a cabo una investigación que documentó 45 cereales, 31 frutas, 64 legumbres y 20 tubérculos en siete países, con la participación de 720 mujeres. Los resultados de esta investigación se difundieron internacionalmente a través de la exposición fotodocumental Guardianas de la tierra, las semillas y la vida (Guardians of Land, Seed and Life), que visibiliza a las agricultoras rurales y su papel como conservadoras de semillas, guardianas de los conocimientos locales y pilares fundamentales de los sistemas alimentarios de sus comunidades.

Fuente: Right Livelihood Award (Premio Right Livelihood).

Construir un movimiento de mujeres «revoltosas»

Cada año, la Asamblea de Mujeres Rurales (RWA) organiza una Escuela Feminista, un encuentro de una semana de duración concebido para desarrollar una conciencia feminista y una identidad compartida entre sus once secciones nacionales. «Todas somos ecofeministas africanas, somos panafricanistas y compartimos una filosofía común de la RWA», afirmó Andrews, quien explicó la importancia de contar con una filosofía y una visión del mundo compartidas para impulsar la transformación que desean. «Somos las guardianas de la tierra, la vida y las semillas. Luchamos contra el patriarcado».

La escuela se complementa con un curso en línea que se celebra cada dos semanas y que puede reunir simultáneamente a entre 300 y 400 mujeres de toda la región. Andrews forma parte del equipo docente, junto con facilitadoras externas y un equipo creado mediante lo que ella denomina una «formación de formadoras», para que ninguna escuela dependa de una sola voz. Estos encuentros han abierto espacios de diálogo sobre temas que rara vez se abordan en otros ámbitos, desde la salud reproductiva y el conocimiento del propio cuerpo hasta la diversidad sexual y la sexualidad.

La educación feminista de la RWA va acompañada de una acción persistente, a veces «revoltosa», a nivel de las aldeas. En la provincia sudafricana de Limpopo, cuando una autoridad tradicional negó a una viuda un terreno donde enterrar a su marido, treinta integrantes de la RWA cargaron el ataúd en un coche fúnebre, lo llevaron hasta la oficina del jefe tradicional y le dijeron: «Ya que no quieres que este hombre descanse en paz, te lo traeremos aquí para que tú tampoco puedas descansar, igual que él». En menos de una hora, les concedieron el terreno.

En Namibia, después de que las vallas instaladas por el Gobierno para impedir que los elefantes destruyeran los cultivos llevaran años sin repararse, las integrantes del movimiento colocaron un vehículo gubernamental en el camino que los elefantes recorrían cada noche. «Queremos vivir en armonía con la fauna silvestre», relató Andrews, «pero si no van a ayudarnos, […] les mostraremos lo que vivimos a diario». Esta táctica obligó a alcanzar un acuerdo para instalar vallas adecuadas.

Andrews denomina acciones como estas «armas de los débiles»: pequeñas victorias acumulativas que refuerzan la confianza de las mujeres en su capacidad para lograr avances cuando actúan colectivamente. Como ella misma señala, estas experiencias les demuestran que «juntas, como colectivo, pueden conseguir avances».

Influir en las políticas públicas de toda la región

Además de lograr victorias a nivel local, la Asamblea de Mujeres Rurales (RWA) impulsa cambios jurídicos concretos. El movimiento ejerció presión para contribuir a la aprobación del Proyecto de Ley sobre Delitos Sexuales y Violencia Doméstica de Esuatini, en 2018, y de una ley zambiana de 2016 que establece la asignación equitativa de tierras.

El movimiento también consiguió una sentencia histórica que permite a las mujeres de Esuatini registrar tierras a su propio nombre, un derecho conquistado gracias al caso de una de sus integrantes. Tras la muerte de sus padres, un tío se apropió de las tierras familiares e intentó expulsarla a ella y a sus hermanas. Ellas se negaron a marcharse, continuaron cultivando las tierras y lo expulsaban cada vez que regresaba, mientras emprendían acciones legales para impugnar el derecho consuetudinario que impedía a las viudas y a las hijas heredar tierras. Tras años de litigio y con el apoyo de la RWA, ganaron el caso.

La RWA también ha ejercido una presión similar sobre las industrias extractivas. El movimiento formó parte de una coalición que llevó a Shell ante los tribunales por sus actividades de minería en los fondos marinos frente a las costas de Sudáfrica. El caso llevó al Tribunal Constitucional del país a reconocer, por primera vez, que este tipo de minería podía provocar la destrucción del medioambiente.

«A menudo decimos que recurrir a la vía judicial está bien», afirmó Andrews. «Pero debe combinarse con el activismo, porque, si no se ejerce presión […], la vía legal no tiene demasiada fuerza. Y, lo más importante, nuestras acciones deben inspirar y generar esperanza».

Solidaridad entre los pueblos

Los círculos de sanación (Healing Circles) son uno de los métodos que utiliza la Asamblea de Mujeres Rurales (RWA) para crear espacios seguros en los que las mujeres puedan compartir sus experiencias traumáticas. Esta iniciativa surgió de una investigación participativa que el movimiento llevó a cabo en ocho países para comprender a qué tipo de apoyo podían acceder realmente las mujeres rurales que sufrían violencia de género, violencia doméstica o delitos sexuales graves.

A pesar de las ambiciosas promesas de los gobiernos, la RWA constató que a las mujeres rurales les resultaba extremadamente difícil acceder a los servicios disponibles. Por ello, el movimiento creó sus propios mecanismos de apoyo y formó a consejeras comunitarias, conocidas como «referentes en violencia de género» (GBV champions), para trabajar en escuelas y comunidades y facilitar círculos de sanación en los que las mujeres pudieran compartir sus experiencias.

La misma ética de solidaridad impulsa las iniciativas de ayuda mutua transfronteriza de la RWA. Integrantes del movimiento procedentes de Zambia han viajado a Malaui para entregar semillas y suministros básicos tras fenómenos climáticos extremos. En Mozambique, mujeres del norte del país se desplazaron al sur para ayudar a reconstruir campos de cultivo inundados. En Sudáfrica, las integrantes de la RWA han organizado repetidamente colectas de fondos, alimentos y otros artículos esenciales para apoyar a las mujeres que se han quedado sin hogar a causa de desastres climáticos e incendios. En Esuatini, las integrantes se movilizaron durante los disturbios de 2021 para ayudar a mujeres que habían recibido disparos.

Esto es lo que la RWA denomina «solidaridad entre los pueblos»: un apoyo basado en la presencia, el compromiso y el trabajo compartido, y no únicamente en la ayuda económica.

«Tenemos nuestras propias respuestas», afirmó Andrews. «Conservamos las semillas. Somos las guardianas del sistema alimentario […]. La gente debe comprender la diferencia entre la caridad y la solidaridad».


Mira la participación de la Asamblea de Mujeres Rurales (RWA) en el seminario web de Defending Peasants’ Rights del 10 de diciembre de 2025: https://defendingpeasantsrights.org/video-de-nuestro-webinario-nada-sobre-nosotrxs-sin-nosotrxs-hacer-efectivo-el-derecho-a-la-participacion-de-los-pueblos-y-personas-trabajadoras-rurales-mediante-la-undrop/

Publicaciones Similares