Nuevo informe del Grupo de Trabajo de la ONU sobre la UNDROP acerca del derecho a las semillas: defender los bienes comunes y resistir el control corporativo
¿Qué sucede cuando algo tan fundamental como las semillas de las que dependemos para alimentarnos se convierte en una mercancía?
El nuevo informe del Grupo de Trabajo de la ONU sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales analiza la creciente disputa en torno a las semillas desde la perspectiva de los derechos humanos, la soberanía alimentaria y la biodiversidad. En el centro de este debate se encuentra el derecho a las semillas: el derecho de los campesinos y las campesinas a desarrollar, conservar, utilizar, intercambiar y vender sus propias semillas y las semillas que han guardado de sus cosechas. El informe muestra cómo el poder corporativo, los regímenes de propiedad intelectual, la certificación de semillas y las normas comerciales están impulsando el cercamiento y la privatización de las semillas, criminalizando prácticas ancestrales y socavando la autonomía de las comunidades campesinas. Asimismo, pone de manifiesto las crecientes amenazas de la biopiratería y el deterioro de los sistemas tradicionales de semillas.
El informe también destaca importantes victorias de los pueblos rurales que resisten al control corporativo. En Honduras, los campesinos y las campesinas contribuyeron a la anulación de la llamada «Ley Monsanto», mientras que en Kenia, una sentencia judicial histórica confirmó que compartir semillas no constituye un delito. En Colombia y Zambia, campesinos, campesinas y sus aliados se han movilizado contra leyes restrictivas sobre las semillas. En todo el mundo, las comunidades están creando bancos de semillas, cooperativas y ferias de semillas, desarrollando programas participativos de mejoramiento y defendiendo sistemas agroecológicos. Estas luchas tienen lugar en un contexto en el que el cambio climático, la erosión genética, el desplazamiento, los conflictos y las nuevas biotecnologías intensifican la disputa por el control de los pilares de nuestros sistemas alimentarios. Para los movimientos campesinos y rurales, la lucha por las semillas forma parte de una lucha más amplia por la tierra, el agua, la biodiversidad, la autonomía y el derecho de los pueblos a decidir sobre sus propios sistemas alimentarios.
El Grupo de Trabajo pide un cambio decisivo de rumbo frente a las políticas que tratan las semillas como propiedad corporativa y como mercancías. Sobre la base del artículo 19 de la UNDROP, exige la protección de los derechos de los campesinos y las campesinas a conservar, intercambiar y vender semillas, así como apoyo público a los sistemas comunitarios de semillas y a la agroecología, y medidas para hacer frente a los regímenes restrictivos de propiedad intelectual y a la biopiratería. Les invitamos a leer el informe completo y a apoyar a los pueblos rurales que defienden las semillas como un bien común vivo, resisten su mercantilización corporativa y luchan por la soberanía alimentaria.
